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| Ciudades Empecemos comentando las cifras concluyentes difundidas al finalizar el año: el 45.7% de edificaciones que se realiza "legalmente" en Lima y Callao carece de supervisión oficial. Eso lleva necesariamente a la pregunta ¿no deberían ser los profesionales que suscriben la documentación para la licencia de construcción, los responsables efectivos de certificarla?. Tenemos que ser hidalgos y reconocer que no hay en los profesionales conciencia plena de las responsabilidades implícitas en el acto de suscribir un documento como el indicado. Eso nos muestra también el problema de fondo: la extendida institucionalidad de ficción que recorre el país, expresión a su vez de su generalizada pauperización. Involucrando en este caso a autoridades y funcionarios incapacitados para asumir sus atribuciones, ciudadanos que ignoran sus deberes con el bien común, que no reconocen competencias ni retribuciones a las instituciones y los profesionales, consecuentemente, instituciones y profesionales neutralizados en su misión, se instaura así el nocivo círculo vicioso. Pero veamos otras manifestaciones del estado de nuestras ciudades. El Programa MIVIVIENDA (con sus activos y pasivos) se ha convertido en las principales ciudades del país en catalizador de un proceso ya conocido y reeditado en Lima en los noventa: renovación urbana vía densificación y cambio de uso (tercerización de ejes o áreas estratégicas) mediante demoliciones, rearquitecturizaciones o expansión urbana, ya no sólo de baja densidad sino con mediana y hasta alta densidad. El incremento de la inseguridad urbana explica el éxito del condominio como tipo cómodo y de prestigio, por ejemplo en una ciudad como Trujillo. Los concentrados proyectos comerciales provincianos han asumido también un notorio liderazgo en los cambios. Los capitales de los conglomerados económicos chilenos están diversificando la demanda en el incipiente mercado regional, mediante la introducción de los modelos globalizados -de seductor prestigio-, en su concepción urbana, arquitectónica, y en las mercancías. Como dijimos, hay renovación y también expansión urbana, faltó agregar sus lamentables efectos, como en el caso de la destrucción virtual de la famosa campiña arequipeña, sepultada por frontales y aplanadoras, revestida de pistas de concreto y asfalto. Con ligeras variantes morfológicas al modelo limeño, las capitales regionales no dejan de reproducir su especulativo y desaprensivo patrón de expansión urbana. Pero Arequipa tiene un desarrollo institucional relativamente consolidado y una masa crítica vigente, eso ha hecho posible la adopción de una normativa que detenga la depredación de los recursos, el medio ambiente y el paisaje, esperemos de manera efectiva e inteligente. Cada ciudad sin embargo abriga sus propios desafíos y los enfrenta de manera particular: Cusco presa de sus propias virtudes -su valor histórico, artístico y cultural- está en una etapa clave. Inmersa en las vitrinas de la globalización, sin sus instrumentos ni recursos, se transforma. La pérdida galopante de su autenticidad apenas se detiene frente a las barreras formadas por la pétrea arquitectura incaica y virreinal de los grandes monumentos. El libro publicado por el Centro Guamán Poma "San Blas, la destrucción de un barrio histórico" ilustra el trágico proceso de transformación del tejido histórico popular y su contenido. Trujillo, correcto y cortesano en su centro histórico, exhibe casi con orgullo su megalómana "tradición" historicista (¿?), pues el número y pretensión de sus nuevos pastiches construidos en su centro histórico no sólo atentan contra los cada vez más escasos y genuinos edificios históricos sino que se constituyen en el impresentable y patético legado de nuestro presente. Como en Arequipa su expansión urbana sigue el proceso denominado "mancha de aceite" , eficaz procedimiento para urbanizar amplias áreas en los alrededores de la ciudad neutralizando y alterando su dinámica semirural. |
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En Chiclayo el proceso es singular, es una suerte de yuxtaposición del modelo limeño, reproducido en la expansión centrífuga del eje Pimentel, y en la "mancha de aceite", en el resto de la ciudad. Bullanguero y caótico el terciario centro de Chiclayo con su menuda traza "modernizad" mediante el ensanche de sus vías, muestra su notoria dinámica en la edificación reciente de peculiares y esbeltos edificios de actualizado lenguaje internacionalista, que hoy esporádicamente va dejando atrás el pintoresquismo de cierta arquitectura "chicha moderna" desarrollada en los noventa. Tanto en Trujillo como en Chiclayo, se advierte cada vez con mayor agudeza, los problemas de la movilidad urbana: colapso de las vías por el excesivo flujo vehicular público y privado en el centro urbano, la baja calidad del transporte público, el exceso de taxis, y su impacto en la calidad de vida y a la postre en la sostenibilidad misma del centro. Las Municipalidades han ido paliando la situación con medidas que enfrentan los problemas de manera parcial y coyuntural. Hace falta una consideración del problema desde una perspectiva más amplia y a futuro. Lo propio se puede decir para el caso de otras ciudades del país. La experiencia de Lima es aleccionadora, por lo que sus clamorosos errores deberían evitarse a toda costa. El río Piura -antes, más que ahora-, factor de identidad de la ciudad, a causa de la disminución de su presencia por el controlado régimen de las aguas impuestas por su represa, ha sacado a la luz su alto grado de contaminación por ser vertedero de las aguas servidas de la ciudad. Este hecho junto a los efectos de "El Niño" han llevado la ciudad a una postración cíclica que podría ser remontada con el impacto económico de proyectos como la explotación de los fosfatos de Bayóvar en Sechura o la construcción de la Interoceánica del Norte con destino final en el puerto de Paita, siempre que las políticas sectoriales públicas y la capacidad de las autoridades locales y regionales integren inteligentemente el planeamiento estratégico, la prioridad de proyectos sostenibles y capaces de recrear ciudad, de cuya historia hoy sólo quedan fragmentos. Hay que mencionar que en el año que acaba de concluir y por propia voluntad, la comunidad piurana cuestionó la actividad minera que se proyectaba en la concesión de Tambogrande, apostando por la defensa de la agricultura del valle de San Lorenzo. En todos los casos los centros urbanos se hacen cada vez más especializados y terciarios, la agresiva expansión del capital internacional en los almacenes corporativos, primero y luego en los megalómanos centros comerciales, encarnan los factores determinantes de la nueva dinámica no siempre resuelta en los centros urbanos. Compárese el caso de Piura donde un compacto núcleo comercial emplazado en la estrecha traza urbana causa estragos en la escala, vialidad y calidad de vida del entorno, en parte todavía doméstico. En Chiclayo y próximamente en Trujillo el emplazamiento de estos "megacentros" comerciales parece más atinado e impactará fuertemente en los poco densos entornos. Huancayo "tradicionalmente moderno" -basta ver la evolución de su huaylars y sus bandas-, rural y citadino por su peculiar sistema urbano, íntimamente conectado al Valle del Mantaro, continúa reproduciendo sin solución de síntesis urbano-arquitectónica, las oposiciones entre tradición y modernidad. Eso sucede a pesar que ya a mediados de los sesenta del siglo pasado tradición y modernidad habían tenido un episodio de polémica coexistencia y síntesis. Nos referimos al paradigmático conjunto moderno del Centro Cívico, el cual dio fuerza y significado a la nueva Plaza Huamanmarca, y de otro lado, a la ampliación de la histórica plaza Constitución, dando nacimiento a un ejemplar y singular modelo dual, que rápidamente se convertiría en objeto de imitación en las ciudades satélite del valle. Acciones casi siempre desacertadas por los superficiales intereses que las motivaron, los prejuicios, el desconocimiento y la falta de pericia que hasta hoy continúan causado graves heridas a las otrora apacibles ciudades del valle. La ciudad de Huancayo terciaria e incipientemente industrial, desdeña como Chiclayo y Piura su estupenda y singular arquitectura republicana, y muestra cada vez mayores huellas de la arquitectura moderna, carente de lo que García Bryce denomina "espontaneidad" y "seguridad"; "pericia", "convicción" y "autenticidad" añadimos nosotros. Algo que con evidente firmeza -no exenta de deliberada exageración- ha querido cuestionar la flamante sede administrativa de la Universidad Nacional del Centro, convertida en hito urbanístico en un área del campus donde el encuentro con la ciudad no ha merecido la más mínima atención. Si algún sentido y efecto puede tener, llamamos la atención del mundo académico, gremial y profesional, para articular un debate nacional sobre la Ciudad peruana -iniciado tímidamente en la INTERURBE del año 2000-, a propósito del año 2021, que permita trazar el gran proyecto urbano-territorial del país, en la coyuntura del Bicentenario de la Independencia. |