El Portal Peruano de Arquitectura
 
     

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Arq. Fernando Belaúnde Terry





por el Arq. José Beingolea del Carpio


PARTE 4: Crisis de la tecnocracia y la diversificación de la identidad profesional (desde 1980)


Con los ochenta se inicia la más prolongada crisis del Estado, paralelo a radicales cambios en la sociedad peruana: el “desborde popular” es precipitado por la crisis –una vez más- del modelo económico precedente.

Un desconcertado y desorientado Fernando Belaúnde asume el poder sin programa convicción, ni orientación, salvo la consigna de desandar el camino abierto por los militares, desconociendo los cambios –buenos y malos- que habían ocurrido en la sociedad peruana.

Su “Revolución habitacional en democracia” es una patética parodia de sus entusiastas visiones de los años cuarenta y sesenta. No sólo las áreas mínimas decrecen en el ámbito de la vivienda masiva, también los presupuestos y los aciertos expresivos.

El aparato público empieza a desmontarse, justificado por el desprestigio de la frondosa burocracia que el modelo estatal había desarrollado.

La crisis acelerada exponencialmente bajo el régimen aprista, conducen a la liquidación de la clase media. Los espacios para el ejercicio profesional decrecen, pero a su vez generan una nueva modalidad: la del arquitecto empresario en búsqueda de su propio trabajo, como promotor, proyectista y constructor. Sus productos paradigmáticos son las exitosas empresas ARQUITECTOS ASOCIADOS y PUERTA DE TIERRA.

Ello va paralelo a la multiplicación de los espacios académicos, esta vez con fuerte impulso en las regiones y promovidos por la Universidad privada, con exclusivos fines lucrativos y sin adecuado soporte profesional. Lo que sí permite impulsar la afirmación del profesional arquitecto en espacios cada vez más amplios, lo hacen en condiciones cada vez más precarias por el evidente decaimiento del nivel académico.

El retorno del objeto es una de las características en este periodo.

El arquitecto-diseñador tal como llega de los setenta, ya no es artista, no es constructor, es a duras penas un manipulador intuitivo de la forma. En esa situación, se torna regresivamente elitista, la pérdida de su trascendencia social está así garantizada. Si a esa situación sumamos la severísima crisis desencadenada en el gobierno aprista, tenemos configurada una de las crisis de este periodo.

La otra crisis es desencadenada por la explosión de colegiados y de bachilleres, mal distribuidos en el territorio, y el desmontaje del aparato público que ha destruido la memoria histórica técnica y profesional, así como el valioso know how de los orígenes de la modernidad. Agrava la situación, el colapso moral y político en la obra pública que envilece los sistemas de concurso y propicia la ostensible baja de los estandares productivos, incluyendo los honorarios profesionales.


El efecto más claro ha ocurrido en el campo de la Vivienda (desarticulación de ENACE, Ministerio de Vivienda, ININVI), de la Restauración (agonía interminable del INC), la construcción de los Colegios del INFES que a duras penas resistirán los diez años.

Pero quien sabe el golpe más demoledor que la envilecida sociedad política peruana y en particular la cleptocracia del Ingeniero (?) Alberto Fujimori le propinó a los arquitectos fue el total desprestigio de los planes urbanos y cualquier sistema de planificación, siendo sustituidos por el más desenfadado pragmatismo.

En sentido contrario, la obra privada muy superior en los noventa por las privatizaciones, la globalización y el neoliberalismo, tiene exigencias e imposiciones novedosas: el estímulo a la iniciativa individual, la manipulación heterodoxa y retórica de la arquitectura, la imposición de estándares internacionales, la penetración de técnicas, procedimientos y métodos productivistas, la demanda de especialización, la automatización de los procesos que potencia la productividad y los niveles de simulación como mecanismos de control del proyecto y la obra.

Se vive así un momento de serio cuestionamiento a la figura consolidada por la peculiar historia moderna del arquitecto peruano: desvanecida su función artística, ésta pretende resucitarse motivada por la influencia de las corrientes de la nueva modernidad.

Confinada en el territorio de la función o digamos mejor, de su parodia, ella no ha quedado sino reducida al sistema de las relaciones de accesibilidad y distancia. Aunque algunos pretendan revitalizarla a través de un neomoderno de inspiración –una vez más- internacionalista.

El debate post moderno fue más prolífico en sus influencias en nuestro medio, resaltando las relaciones contextuales y el retorno de la historia, en algunos pocos arquitectos peruanos la valoración del contexto ha dado algo de sensibilidad urbana a la arquitectura contemporánea.

Tímidamente se asoma la especialización en algunos campos del diseño: los interiores, la museografía, el color o la iluminación.

Pero en el Perú hay no sólo espacios sino también tiempos distintos; por eso, fuera de Lima la historia es propia, a fines de los ochenta por ejemplo se consolida la arquitectura arequipeña como la segunda arquitectura regional peruana, con características propias, un lustro después en la costa norte asoman evidencias de articulación de una seria arquitectura todavía no continua ni extensiva pero sí latente.

Pero ésta, no es probablemente la mejor época del arquitecto diseñador sino mas bien de la diversificación de campos del ejercicio profesional, y por tanto de crisis de identidad del arquitecto, tal como ocurrió a fines del XIX y la primera mitad del siglo XX.

Desde la arquitectura legal, los expertos técnicos en seguridad, pasando por los especialsitas en gestión Municipal, y potencialemente los planificadores urbanos en los gobiernos locales, o los promotores de proyectos inmobiliarios o administradores de la construcción. Además de los especialsitas en el uso y aplicaciones del ordenador, tanto en el campo de la arquitectura como del urbanismo.

El arquitecto de hoy tiene un campo de acción amplio, sin embargo las Facultades de Arquitectura continúan en su sueño del arquitecto diseñador, con escasa cultura y una enorme irresponsabilidad social. Al final el joven profesional deberá a”aprender” la arquitectura recién cuando el mercado se lo exija, esto, si tiene la capacidad de responder a las exigencias de iniciativa y competencia que le exige el más avanzado mercado neoliberal. En la extensiva economía informal peruana sin embargo el terreno es prácticamente virgen lo tienen improvisados “prácticos” o “empresarios chicha” que con más audacia y visión incursionan en los campos que con mejor capacidad y fortuna deberían estar siendo apropiados y conducidos por los jóvenes arquitectos de hoy. ¿Seremos capaces de romper barreras y prejuicios?, espero que sí.

Lima, 23 de octubre del 2003


Arq. Emilio Soyer Nash


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