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Lima 1535


















Lima 1688

















Palacio de Torre Tagle - Lima


De 1570 a 1687
Por: Arq. José Beingolea del Carpio


Prólogo del libro "La Casa Virreynal Limeña" del RP Antonio San Cristóbal, publicado por el Fondo Editorial del Congreso de la República.


Desde que a fines de los años setenta, Antonio San Cristóbal iniciara sus publicaciones sobre la historia de la arquitectura virreinal, primero bajo el formato de artículos y luego -ya a partir de los ochenta- en sucesivos libros, sus tesis han removido los cimientos mismos de nuestra historiografía. Su producción intelectual en nuestro medio es sin duda anómala en cuanto a su volumen y frecuencia. Ella no ha encontrado sin embargo un medio propicio para digerir, polemizar, multiplicar, ampliar y profundizar el conocimiento de ese complejo proceso histórico de nuestra cultura. Nuestro medio intelectual parece ser viva expresión de la crisis de las dos últimas décadas y -salvo honrosas excepciones-, sólo ha reaccionado frente a la obra medular que comentamos, a la manera del espectador o en el papel de comedido exégeta. El debate por eso, es un asunto pendiente y el libro que comentamos en esta ocasión se presenta por su contenido, como una buena ocasión que en el privilegiado rol de presentador deseo aprovechar.

Son varios los aportes que trae consigo el presente libro. Como en todos los temas que sobre la arquitectura virreinal peruana ha abordado, Antonio San Crsitóbal nos proporciona nueva y valiosa documentación. En este caso, más de dos centenas de conciertos notariales no sólo transcritos e incluidos en la publicación, sino que adecuadamente descifrados e interpretados, le han permitido la reconstrucción de la traza de 120 viviendas edificadas en el centro urbano limeño entre 1570 y 1687.

La pormenorizada identificación y reconstrucción topográfica, programática y tecnológico-constructiva de la vivienda limeña en ese periodo, le han permitido rebatir con argumentos inapelables la serie de versiones positivistas y formalistas, carentes de rigor o alimentados por un ideologismo a veces eficazmente camuflado.

La casuística reunida, ampliamente expuesta y comentada, si bien es representativa en cantidad no lo es en cuanto a las áreas urbanas comprendidas en el análisis dado que están ausentes la periferia y el populoso barrio de San Lázaro. Esta limitación no nos permite por eso mismo hacer justicia al título del libro, pues lo que en él se ofrece es básicamente -aunque no exclusivamente-, la visión de lo que tradicionalmente ha sido reunido bajo el nombre de vivienda señorial.

Sin embargo la taxonomía aplicada en la investigación es digna de ser discuitida por su contenido e implicancias. El texto nos presenta ocho modelos de casas, clasificados según criterios disímiles: programáticos (casa completa, casa incompleta), topográficos (casa alta, casa baja, casa fronteriza), cuantitativos (casa pequeña, casa grande, casa menor) y otros (casa con corredor cobijo).
Más allá de los defectos metodológicos, esta clasificación permite identificar el proceso histórico de la casa limeña en este periodo clave, situado entre la construcción de las primeras casas no provisionales sino definitivas, y el sismo de 1687, luego del cual se introducirían cambios significativos en la arquitectura de la ciudad.
El texto subraya en más de un capítulo la necesidad de entender la casa limeña como un proceso, rebatiendo el prevaleciente enfoque "monotemporal", que no sólo no ilustra el proceso de generación de los tipos de vivienda, sustituyéndolo por la tesis no demostrada de adopción de modelos foráneos, sino que tampoco explica la evolución de los pocos tipos edilicios identificados, lo que San Cristóbal critica bajo el epíteto de los enfoques "monomorfológicos".
A su vez, el texto hace una precisión conceptual que permite diferenciar la casa como edificio, de la casa como espacio habitable, con la finalidad de entender y explicar el carácter no exclusivamente unifamiliar de la vivienda limeña de este periodo. Salen a la luz así, la "casa baja" , "la casa alta"; el "cuarto" y el "callejón de cuartos", como expresiones y componentes de la casa limeña, todas ellas conviviendo a veces en el mismo edificio.

Conceptualmente sin embargo hay un error en esa estratégica disociación puesto que ella no ha sido asumida en todas sus implicancias. Pongamos un ejemplo: el callejón de cuartos -no individualizado en la clasificación propuesta en el texto-, se constituye como tipo edilicio formado por un conjunto de "cuartos" dispuestos linelamente y que comparten un espacio longitudinal común, generalmente perpendicular a la calle.
Reconociendo la mutua relación de dependencia entre el "callejón" y los "cuartos" en la conformación del tipo, tenemos que admitir como determinante y relevante el "callejón de cuartos", esto es, el tipo edilicio, mientras que el papel del "cuarto" sólo puede ser medido a partir de la existencia del tipo -para este caso-, del edificio.

Esa es la principal limitación que observamos en el texto, más allá de la identificación de los "modelos", interesaba llegar a la identificación de los "tipos edilicios", entendiendo el "tipo" en los términos de Rafael Moneo (1) como "aquello que constituye la verdadera naturaleza de la obra".
Por esa razón, el libro al no proporcionarnos una visión de los tipos de vivienda, nos priva de mostrarnos la "verdadera naturaleza" de la arquitectura doméstica limeña. Sí en cambio nos permite, en un ejercicio de lectura libre -para el que el libro proporciona abundante y rico material-, disponer de un ilustrativo proceso de construcción y evolución de los tipos.
Audazmente, el texto relativiza el papel del patio como factor primario de organización de la casa limeña, tal como lo plantea la visión historiográfica clásica. Algunos de los argumentos esgrimidos en este sentido no son sin embargo muy pertinentes, como ocurre por ejemplo cuando se descarta de plano el papel del patio, en las "casas altas" que no reproducen la disposición de la planta baja. Esa afirmación es parcialmente atendible, pues es imposible desconocer en la "casa alta", el papel del patio en su conformación, uso y fruición, aunque todo ello sea distinto de cómo todo eso ocurre en la planta baja, pero de ninguna manera hace irrelevante ni indiferente la presencia del patio.

Una revisión de las 120 trazas de viviendas cuidadosamente reconstruidas con la acuciosidad característica de Antonio San Cristóbal, guiados por el concepto del tipo nos permitiría, no sólo la identificación de varios tipos de vivienda -algunos de ellos desaparecidos-, sino también el proceso de construcción y consolidación de algunos de ellos, aplicando así con rigor y sin interferencias la hermeneutica, la interpretación de la arquitectura de la vivienda limeña.
Si el libro es particularmente brillante al rebatir las tesis corrientes que han poblado de mitos y prejuicios el tema, no está libre de caer en otras desviaciones, seducido por un etnocentrismo siempre latente en las obras del autor.

El problema podríamos sintetizarlo de esta manera: la necesaria desmitificación de las historias eurocentristas en todas sus variantes, no debe dar lugar a desviaciones producidas por la tendencia opuesta, pero igualmente ideologizada, de buscar la total autonomía y originalidad de las expresiones virreinales.
Así parece ocurrir en esta ocasión cuando se señala como determinante el papel de los aspectos constructivos en la singularidad y originalidad de los modelos limeños. Los techos planos de la casa limeña tendrían que ver con los materiales y sistemas constructivos; la construcción de los modelos a partir de las crujías, explicarían los distintos modelos y desplazarían la importancia medular del patio. Todo lo cual no es demostrable sino mas bien controvertibles interpretaciones difíciles de aceptar, por sus argumentos inconsistentes, sugeridos por un apriorismo etnocentrista.

El problema invade el campo epistemológico, pues en la investigación hay evidentes rezagos positivistas, en especial en la idea de tratar de explicar la arquitectura sólo a través de la arquitectura misma, lo que se refleja en el libro, en la marginación no sólo de los aspectos urbanos, sino los sociales y culturales, especialmente trascendentes en el épico y extraordinario proceso de construcción de las nuevas ciudades como de sus arquitecturas, en particular la de sus viviendas, tan ligadas a gustos, expectativas, patrones, hábitos y expresiones de los distintos sectores que componen el complejo tejido social virreinal.
Se ha prescindido de establecer las relaciones entre tipología edilicia y morfología urbana, entre los tipos arquitectónicos -en particular los de las viviendas que constituyen gran parte del tejido urbano-, con la trama y la traza urbanas (retícula, manzaneo y parcelación). Poco hemos podido ampliar nuestro conocimiento sobre la relación entre el programa arquitectónico de la casa urbana y su origen en la organización de la familia y en sus rituales.

Por el contrario, partiendo de "la baja densidad de las ciudades hispanoamericanas del XVI: menos de 2 hab/Ha, al lado de las ciudades españolas de los siglos XII al XV entre 65 y 90 hab/Ha" (2) podían establecerse puntos de partida definitorios para explicar de inicio, la imposibilidad de trasladar sin ninguna mediación, los tipos edilicios hispanos y por el contrario, entender el proceso de subdivisión de la propiedad y el de densificación del tejido urbano, como parte esencial de la consolidación urbana, en una ciudad inédita -tanto para los españoles como para los indios, negros y la amplia gama de mestizos-, que demandaba respuestas singulares.
A través de la entrada urbanística, dada las grandes dimensiones de las manzanas y la parcelación, resulta explicable el fundamental rol del espacio no edificado -el patio o los patios, el huerto y otros no precisados aún por la historiografía- así como la complejidad del proceso de construcción de los tipos de vivienda.
Las 120 trazas de vivienda que nos presenta el libro, ordenadas bajo la óptica tipológica reconstruirían de manera más eficaz no sólo los tipos, sino la naturaleza y el proceso de su adopción. El campo de la invención, recreación, innovación, enriquecimiento o simple imitación de la arquitectura residencial limeña debe buscarse primero en el campo de la tipología.
Esto que se lee como una crítica al libro, nos permite a su vez valorar su aporte en el sentido de contener información de primera y segunda mano -proporcionada por la rigurosidad del autor-, que abre la posibilidad de un variado desarrollo de otros temas y a la vez de otras interpretaciones.

Hace tiempo ya que nuestro autor ha revolucionado la historiogarfía de la arquitectura virreinal, abriendo como hemos mencionado en más de una ocasión, una nueva etapa. La carencia de debate y hasta de interlocutores, nos dice mucho del retraimiento de nuestros historiadores para plantear una discusión que se hace impostergable e imprescindible.

¿Estamos pasando de una historiografía eurocentrista a una etnocentrista?. ¿Hasta dónde son atendibles sus radicales observaciones y conclusiones?. Frente a la gran amplitud de nuevas fuentes que ha introducido ¿qué nuevas tareas y horizontes se puede trazar?.

Este libro sin duda reitera esas y muchas preguntas más. Demandamos que ellas sean atendidas, así su extraordinario esfuerzo será estimulado y recompensado, pero sobre todo, nuestra historiografía saldrá de la indiferencia frente a la gran tormenta que Antonio San Cristóbal ha desencadenado.


Lima Dic del 2003.

NOTAS.

1. Artículo " DE LA TIPOLOGIA" , publicado en la revista "Oppositions", 1978.
2. "EL SUEÑO DE UN ORDEN. La ciudad Hispanoamericana", ediciones del CEHOPU, Madrid, 1989, p. 99


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